LA GUERRA CONTRA LA TRIPLE ALIANZA - LA GUERRA GUAZÚ - EL GENOCIDIO AMERICANO
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Después de esto, los sucesos se precipitaron.

El 4 de Agosto de 1864 presentó Saraiva su famoso "ultimátum" amenazando con "represalias" por parte de las fuerzas de mar y tierra del Imperio, si en el perentorio plazo de seis días no se atendían todas sus reclamaciones.

Aquel mismo día, José Antônio Pimenta Bueno pedía en pleno Congreso brasileño que las fronteras nacionales se llevasen hasta el arroyo Arapey, exteriorizando así las miras de absorción que predominaban en los políticos de aquel país.

La nota de Saraiva fue rechazada con altivez, por considerársela inaceptable en la forma y en el fondo e indigna de figurar en los archivos uruguayos.

Saraiva, después de esto, se retiró, encargando de hacer efectivas sus amenazas al vice-almirante Joaquín Marquez Lisboa, Baron Tamandaré.

Así que expiró el plazo, empezaron las "represalias" con la destrucción de los vapores orientales "General Artigas" y "Villa del Salto".

Ante las violencias y arbitrariedades de Tamandaré, el gobierno oriental cazó al exequatur a los cónsules brasileños y envió su pasaporte al ministro residente, Juan Alves Loureiro, quedando así rotas las relaciones con el Imperio.

Mientras todo esto ocurría, nuestro gobierno observaba la marcha de los acontecimientos, en medio de una prudente expectativa. No le era, ni podía serle, indiferente la suerte de Uruguay, país al cual estábamos vinculados por razones geográficas que eran de vida o muerte para el Paraguay. Juan Bautista Alberdi ha dedicado páginas admirables a esta cuestión. No resistimos al deseo de reproducir los siguientes párrafos del genial pensador argentino:

El vapor "Villa del Salto" incendiado en Paysandú

"Montevideo es al Paraguay-escribía en 1865-por su posición geográfica, lo que el Paraguay es al interior de Brasil: la llave de su comunicación con el mundo exterior. Tan sujetos están los destinos del Paraguay a los de la Banda Oriental, que el día que Brasil llegase a hacerse dueño de ese país, el Paraguay podría considerarse como la colonia brasileña, aun conservando su independencia nominal.

Y como esta misma razón de hallarse en las márgenes del canal que forman los ríos Paraguay, Paraná y Plata, sujeta a las provincias brasileñas situadas más arriba a seguir un destino solidario con él y con la Banda Oriental por el Brasil tenía por objetivo asegurar las provincias imperiales situadas al Norte del Paraguay, así como a esta misma República."

"Ocupado Montevideo por Brasil, la República del Paraguay vendría a encontrarse de hecho en medio de los dominios del Imperio. He aquí por qué el Paraguay se ha visto, y ha debido verse amenazado en su propia independencia por la invasión del Brasil en la Banda Oriental.

Ha hecho suya propia la causa de la independencia oriental, porque lo es, en efecto, y su actitud de guerra contra Brasil, es esencialmente defensiva, aunque las necesidades de la estrategia le hayan hecho salir de sus fronteras."

"Esta identidad de causa entre el Paraguay y la Banda Oriental, resulta probada por el manifiesto en que el Brasil acaba de anunciar a los poderes enemigos su determinación de hace la guerra al Paraguay.

En él reconoce al Señor José María da Silva Paranhos que "la cuestión de límites es la causa principal de la contienda".

Esta cuestión que ya dos veces, en los últimos diez años, puso las (falta una palabra) en las manos del Brasil, y que no está resuelta todavía, es la que el Brasil quiere resolver de hecho, tomándole al Paraguay una ventaja que él le lleva de estar más abajo de Matto Grosso, la preocupación de la Banda Oriental que es la llave de la navegación exterior del Paraguay.

He aquí porqué el Paraguay ha visto en peligro inminente su libertad de navegación desde que ha visto al Brasil en camino de apoderarse de la Banda Oriental, como ya lo hizo en 1820.

La complicidad de Buenos Aires con el Brasil en la ocupación de la Banda Oriental no hace sino más amenazante para el Paraguay la actitud del Imperio..."

Así veía las cosas Juan Bautista Alberdi, contemplando desde lejos la gran conflagración. A sus razones podríamos agregar cien mas, para justificar la actitud de nuestro gobierno. No hay que olvidar los antecedentes históricos, cuyas últimas consecuencias no hemos visto todavía.

Es preciso tener presente la tendencia secular de la diplomacia lusitano-brasileña y la justificada prevención con la que estos países miraron siempre al Imperio.

Las luchas territoriales, antes y después de la independencia, las usurpaciones sucesivas, la dominación del Uruguay en 1820, las misiones secretas de San Amaro y Abrantes para gestionar en Europa la monarquización de estas repúblicas, los pleitos de limites interminables, no eran hechos tranquilizadores que podían hacer ver sin sospechas inquietantes la forma brutalmente violenta en que el monarca bragantino trataba a la que fue su provincia cisplatina.

Más aún, el Paraguay que tenia con el Brasil un pleito que más de una vez hubo de dar lugar a la guerra, a pesar de la prudencia de don Carlos Antonio López, no podía mirar indiferente el procedimiento que su contendor inauguraba como medio de solucionar sus cuestiones con los vecinos.

"El gobierno paraguayo-dice un distinguido escritor brasileño-debía sospechar de las secretas intenciones de la monarquía, no podía creer que el Emperador, por mero amor a los republicanos orientales se trocase inapropiadamente en su libertador, cuando en el propio territorio nacional mantenía en abyecta servidumbre más de cuatro millones de africanos. Lo lógico era esperar que el Imperio, después de arreglar violentamente sus cuestiones con el Uruguay, tratara de hacer lo mismo con el Paraguay."

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