LA GUERRA CONTRA LA TRIPLE ALIANZA - LA GUERRA GUAZÚ - EL GENOCIDIO AMERICANO
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Más, a pesar de todo, como dejamos dicho, el Paraguay se mantuvo en una silenciosa expectativa. Y esta actitud era la que cuadraba a nuestro gobierno, de acuerdo con las tradiciones de nuestra cancillería.

Así lo comprendía el presidente López, cuando e carta confidencial de 20 de Diciembre de 1863 decía al General Mitre: "Los principios de la más estricta neutralidad que todos los gobiernos del Paraguay han observado, desde su independencia, en las cuestiones externas e internas de sus vecinos, forman, también, la base de la política del actual gobierno, que no halla todavía motivos para abandonar esa política tradicional".

Más esa neutralidad debía desaparecer cuando peligrase la suerte misma del Paraguay. Por eso agregaba López en la mencionada carta: "No pretendo con esto asentar que este principio sea tan absoluto que los sucesos no puedan limitarlo, cuando la propia seguridad obligue a manifestar interés por esos mismos sucesos, si ellos pueden comprometerla.

Esto, que es un derecho inherente a todo gobierno, milita con mayor razón para el Paraguay por su posición geográfica y por otros poderosos motivos que es inútil mencionar a V. E., que los conoce".

Tal fue el pensamiento de nuestro gobierno, y a él ajusto sus actos, hasta que vino el inevitable rompimiento. Bien enterado de lo que pasaba en el Río de la Plata, por sus agentes, secretos entre los que contaban personalidades como Nicolás Calvo y Lorenzo Torres, se redujo a pedir explicaciones amistosas al gobierno argentino, cediendo a las instancias de los agentes del Uruguay.

Más tarde, cuando los sucesos se complicaron más y más, y siempre a instancias del gobierno de Montevideo, se dirigió al Emperador, ofreciéndole su mediación, a fin de poner término a la querella. Este ofrecimiento, que fue desinteresado, no era inoportuno ni podía causar extrañeza pues que no solamente Paraguay por su prosperidad y poderío tenían derecho a intervenir en la política internacional del Plata, como intervino en 1859, sino que, además, el mismo Brasil lo había interesado en la independencia del Uruguay vinculándolo al tratado de 1850.

Nicolás Antonio Calvo

El general Mitre, por su parte, procurando amortiguar las sospechas de López, le escribía en 2 de Enero de 1864: "Estoy muy distante de negar a la República y al Gobierno del Paraguay el derecho que pueda tener en casos dados a influir en los sucesos que pueden desenvolverse en el Río de la Plata. V. E. se encuentra bajo muchos aspectos en condiciones más favorables que las nuestras, a la cabeza de un pueblo tranquilo y laborioso que se va engrandeciendo por la paz y que llama en este sentido la atención del mundo; con medios poderosos de gobierno que saca de esa misma situación pacifica; respetado y estimado por todos los vecinos. …que cultivan con él relaciones proficuas de comercio; su política está trazada de antemano y su tarea es tal vez más fácil que la nuestra en estas regiones tempestuosas, pues como lo ha dicho muy ben un periódico inglés de esta ciudad, “V.E. es el Leopoldo de estas regiones,” cuyos vapores suben y bajan por los ríos superiores, enarbolando la bandera pacifica del trabajo y cuya posición será tanto más alta cuando se normalice ese modo de ser en estos países.”

Todo esto no impidió que el presidente argentino se pusiera de acuerdo con el Emperador, para acabar por declarar la muerte de López, por constituir un peligro para la civilización, por “bárbaro” y “tirano”.

"Enterado oficialmente el gobierno paraguayo del contenido del ultimátum de Saraiva, no pudo ya continuar en la actitud pasiva de un mero espectador.

Alarmado justamente y previendo los acontecimientos, envió al ministro brasileño en la Asunción, Barón de Jauru, la nota protesta del 30 de Agosto de 1864. En ella el Ministerio de Relaciones Exteriores, don José Berges, manifestaba que su gobierno se había enterado de la actitud de Saraiva en la cuestión oriental, cuestión que no podía serle indiferente y había llamado seriamente su atención; que había esperado una solución distinta, máxime cuando sus buenos oficios no habían sido aceptados por innecesarios; que respetaba los derechos que son inherentes a todos los gobiernos para arreglar sus diferencias o reclamaciones, pero que se reserva la facultad de apreciar el modo de ejercitar esos derechos y el alcance que pudiese tener sobre los destinos de todos aquellos que a quienes afectasen sus resultados;

que el ultimátum podía tener por consecuencia la ocupación del Uruguay por fuerzas brasileñas y que este sería uno de los casos en el que el Paraguay tendría que tomar una actitud, por que afectaba sus intereses, declarando francamente que su gobierno no podría consentir la ocupación militar del Uruguay, por lo que habría recibido orden de declarar al representante del Emperador, que consideraría este hecho como atentatorio al equilibrio del Rio de la Plata, que interesaba al Paraguay como garantía de su seguridad, patentando de la manera más solemne contra tal acto, “ descargándose desde luego de la responsabilidad de las ulterioridades de aquella declaración

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Comentando este documento, dice el filósofo RaimundoTeixeira Mendes, quizá el más profundo pensador brasileño:

“Este nota encerrada una declaración de guerra, verificada las circunstancias que ella determina. Para proceder como López, bastaba estar convencido de que las miras ambiciosas de absorción eran los verdaderos móviles de la política del Brasil en esa época. Una vez subyugada la República Oriental, el dictador paraguayo debía suponer que el Brasil liquidara por las armas su vieja cuestión de límites.” La propuesta del 30 de Agosto fue contestada el 1º de Septiembre por el Barón de Jauru, quien terminaba diciendo, después de pretender justificar la conducta del Emperador, que nada detendría a su gobierno en el desempeño de su sagrada misión de proteger la vida, la honra y la propiedad de los súbditos de S.M.

Dos días después de recibida esta nota, fue a su vez contestada por el gobierno paraguayo, el cual corroboraba correcta su propuesta, afirmando que le haría efectiva si el imperio llevaba a los hechos sus amenazas.

La conducta del ministerio brasileño fue aprobada por su gobierno en nota del 22 de Septiembre.

Informado el presidente López por la Legación Oriental de los atropellos cometidos por el Brasil, a título de “ represalias ”, se dirigió, en nota del 14 de Septiembre, al representante del imperio, manifestándole que, en vista de los hechos producidos se ratificaba, una vez más, en sus declaraciones del 30 de Agosto y del 3 de Septiembre. Viana de Lima respondió que se abstenía de hacer ninguna consideración, por que no poseía informaciones al respecto.

Mientras la cancillería paraguaya cambiaba estas notas con el representante brasileño, dando a entender claramente que consideraría casus belli la ocupación militar del Uruguay, Don Pedro II se preparaba para efectuar la prometida invasión. Si sus intenciones hubiesen sido pacíficas, si la buena fe hubiese inspirado su política de intervención, es indudable que la protesta de un gobierno amigo hubiese sido escuchada, más aun cuando con solo obrar con un poco de modernización y cortesía, se podían evitar los horrores de una guerra. El emperador no tenía por qué ocupar el Uruguay. La invasión solo importa un abuso del fuerte para con el débil, al par que un atropello brutal al derecho de gente.

El gobierno de Aguirre estaba vencido con el auxilio que Mitre y el Emperador prestaban a la revolución; por lo tanto, el Brasil tenía la seguridad de que sus reclamaciones serian atendidas satisfactoriamente, dada la sumisión incondicional del futuro presidente.

 

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